EYACULACIÓN FEMENINA, EL AGUA SAGRADA

La mejor forma de luchar contra el monstruo de la historia que ha invisibilizado los genitales femeninos es redibujar nuestro mapa íntimo. Dentro de esta tarea que me he propuesto desde mi pequeño universo, hablar de la eyaculación femenina ocupa un lugar primordial.


Personalmente pertenezco a ese grupo de mujeres que eyaculan hacia afuera. Esto no es ni mejor ni peor, simplemente es. Lo que sí supone un alivio es saber que no es orina. La eyaculación se puede producir antes, con o después del orgasmo. Mi perspectiva personal es que es placentera en sí y profundamente liberadora sobre todo cuando sabes en qué consiste. En cuanto a los problemas logísticos que acarrea son fácilmente solucionables. Conseguir eyacular no puede convertirse en una nueva expectativa, si ha de venir vendrá, todo está bien. Conozcamos ahora más sobre el Squird y las glándulas de Skenen.

La persona que más ha investigado sobre esta realidad es Diana Torres que con su libro Coño Potens, y sus talleres pone verdad donde antes había desconocimiento y vergüenza. De este libro he extraído la mayor parte de la información que les comparto a continuación.

Los autores Ladas, Whipple y Perry publicaron en 1982 el libro El Punto G, donde describen el punto G (punto de Gräfenberg) cómo una pequeña judía y afirmaban que era la fuente de un orgasmo mucho mejor que el experimentado por otras vías. Investigaciones posteriores han demostrado que el órgano que provoca la eyaculación femenina es la próstata, las mujeres tenemos próstata y eyaculamos.

La próstata se ubica en torno a la uretra que discurre de forma paralela a la vagina y se posiciona a unos dos centímetros de la entrada de la misma en estado de excitación. En esa zona confluyen vasos sanguíneos, terminaciones nerviosas, tejido eréctil, estando en erección todo el tejido se despliega, más receptores están disponibles. Se estimula presionando con los dedos hacia el hueso púbico introduciendo la primera o segunda falange. Al alcanzarla notaremos un tejido convexo con pequeñas arruguitas. Si movemos los dedos hacia los lados es escurridiza.

El tamaño de nuestra próstata oscila entre los dos y los cinco centímetros en reposo, aunque cuando está llena puede triplicar su tamaño. Su tejido es esponjoso y está compuesta por múltiples glándulas juntas.

La próstata tiene un conducto bífido que la comunica con el exterior y cuyas salidas están situadas aproximadamente a las cuatro y las ocho a los lados del meato urinario si visualizamos este como el centro de un reloj de manecillas pero esto puede variar porque su posición puede variar de una mujer a otra. Estos orificios de salida son visibles a través del uso de ópticas.

El líquido expulsado no tiene nada que ver con la lubricación de hecho la excesiva eyaculación contrarresta la lubricación porque las características de ambos fluidos son dispares, el primero es más acuoso y menos denso. También salen en momentos diferentes: la lubricación cuando se inicia la excitación sexual y la eyaculación durante el sexo o en momentos de alto placer.

La próstata se enraíza en la uretra y los orificios por los que eyaculamos están muy próximos a la uretra. Es frecuente sentir “ganas de orinar” en el momento en el que vamos a eyacular cuando nuestra próstata es estimulada. Realmente lo que sentimos es ganas de eyacular. La sensación es distinta cuando estamos eyaculando porque el fluido sale a borbotones y en alguna ocasión a chorros.

Otro dato interesante es que es prácticamente imposible orinar y eyacular a la vez. La válvula que abre y cierra la conexión entre vejiga y uretra se cierra cuando estamos excitadas. El líquido eyaculado es producido por un órgano que no forma parte del sistema urinario, su composición química es prácticamente idéntica en hombres y mujeres.

El cuanto al color es blanquecino y su olor sutil, si bien esto puede depender de otros factores como lo que comemos, el momento del ciclo en el que estemos y también el tiempo que haga que hemos eyaculado por última vez. La presencia de antígeno específico prostático en el líquido que expulsamos fue lo que llevó a los científicos a corroborar que las mujeres tenemos próstata y eyaculamos. También el líquido eyaculado contiene fosfata ácida prostática y glucosa. La presencia de estas sustancias aparece también en la eyaculación masculina.

En cuanto a las funciones del líquido prostático destacan: conservar el esperma, propulsión del parto y generación de serotonina.

Si miramos hacia otras latitudes, descubrimos a la población Batoro de Uganda, cultura matriarcal, en la que se estimula a las niñas a eyacular. El documental ‘Agua Sagrada’ explora la vida sexual en esta comunidad, descubriendo cómo el placer femenino es una institución, el placer se presenta como la primera meta en esta sociedad. Se relata el método kunyaza para provocarla: este método se enseña a los chicos y las chicas a través del aprendizaje de ritmos acompasados que contrastan con el de ágiles tambores, para el correcto movimiento de la lengua, los dedos y la palma de la mano. Provocar el orgasmo femenino nos acerca a la convocación divina, y de una manera indescifrable, al misterio de la vida.

No es este el único referente en sociedades matriarcales y en culturas que históricamente le han dado su espacio a la eyaculación femenina. Espero que después de estas líneas haya aportado un poco de luz y verdad a este tema intencionalmente silenciado.



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